viernes, 29 de agosto de 2014

TESOROS TURBIOS. TERCERA PARTE


 Para leer la segunda parte haga clik aquí.  Si quiere leer la historia desde el principio haga clik aquí.

      Aguijones incandescentes hieren mis ojos. Un escarnecedor sol de mediodía me atiza con latigazos de fuego. Es inusual en esta época del año. Siento desfallecer. ¡Agua!…alargo mi lengua y hago con ella una circunferencia alrededor de mis labios resecos y cuarteados. Inclino ligeramente la cabeza para indagar lo que acontece a mí alrededor, pero un dolor electrizante amputa mis movimientos. Entonces, paralizo mis intentos por erguirme. Allí, en la soledad incierta de una playa que adhiere sus montones de granitos de arena en mi espalda, acuden a mi mente recuerdos cercanos.

     Tanteo mi cuerpo ¿Dónde está mi escafandra y mi tanque? Me hallo desnudo. Entonces una oleada de vigor me inunda y me inclino para comprobar que las manos marinas que se esconden entre el piélago me han desvestido libidinosamente. Me incorporo en su totalidad. Unos metros más allá de donde me encuentro, está mi traje de buzo hecho jirones. El resto de los accesorios submarinistas debieron ser tragados por el hambriento mar porque no hay rastro de ellos.

     La voz…me tendió su mano luego del aprisionamiento al que me habían sometido las viejas paredes del barco. ¡Como me aterrorizó escuchar y ver las palpitaciones de la vieja madera! ¡Los restos del barco parecían tener vida propia! Daba la sensación que tenían ojos, los cuales espiaban mis acciones, oídos que prestaban atención a los débiles sonidos que yo emitía. En la profundidad azulada, las ondulaciones sinuosas producidas por los movimientos, tanto míos como de los tiburoncillos deleitándose con los bancos de peces, dominaban parcialmente mi visión. Pero En la lobreguez de un compartimiento herrumbroso, un brillo metálico, centelleaba como un sol luminoso atrapado en un agujero negro; hipnotizado por el deslumbramiento que provocaba en mis ojos me atrajo de inmediato. Me magnetizó. Aquel contraste deslumbrante entre la más absoluta oscuridad y el potente fulgor de una luz áurea, me maravilló. Mi corazón dio brincos efusivos. Hizo que olvidara por completo el horror que me había producido instantes antes la vida fantasmal que parecía surgir del barco ulcerado.

     Al acercarme más y más al encuentro con el tesoro, vi con fascinación como los millares de monedas oscilaban. Al principio creí que era un efecto visual que provenía del agua. Era como si intentaran flotar, como si desde el fondo de su asentamiento algo las empujara a levantarse y a emerger. Entonces comprendí que era la vida que fluctuaba y fluía dentro del barco. Aquella misma vida taumatúrgica que había impulsado hacía doscientos años a desangrarse mutuamente a los navegantes y éstos a su vez a las mujeres que viajaban en el “Pureza virginal”. Esa malignidad viviente me conquistó y me arrastró hacia ese pozo enmohecido. Estando allí, después de que mis dedos y mis ojos se enamoraran de la belleza de las monedas, las paredes me habían atrapado y me habían comprimido, hasta estrujar mi enjuta humanidad. Fue  entonces cuando la suave voz me rescató —a condición de descifrar el enigma—, de la reclusión…de la trampa. Ahora tengo que coser y pulir.

     Lucho, el anciano del quiosco, con su rostro apergaminado y mirada penetrante, fue quien me arrebató algunas frases claves de mi ensayo “Tesoros turbios”. Le mencioné mi viaje a Galápagos porque dedujo la proximidad de la exploración a la que iba a aventurarme. Con una secuencia de preguntas cortas y un torrente de razonamientos y conjeturas audaces al estilo del investigador medieval Guillermo de Baskerville, vació casi por completo mis pequeños secretos. Aunque a  Isadora le describí en líneas generales el contenido del opúsculo, a Lucho le hablé de ciertos pormenores que había escrito en mi librito.

     Y el niño, del que nunca supe su nombre, y aunque solo lo vi unas horas, fue tiempo suficiente para que su expresión se me grabara indeleble. El pequeño curioso, el de los ojos de lémur, auscultó junto conmigo, las páginas donde se revelaba información vital. Yo las iba a utilizar para mi expedición submarina. Él, con sus inmensos fanales, debió captar y segmentar lo preponderante de lo banal. Subestimé a esa criatura. Fue precisamente ese día en la biblioteca donde recogí datos a los que ni Isadora ni Lucho tuvieron acceso. Eso me lleva a concluir, que los tres son uno. Una trinidad flagrante. Un triunvirato mefistofélico que ha invadido mi privacidad. Cada uno consiguió con éxito apropiarse de piezas informativas que ensamblándolas, formaban un todo. El mapa que cuidadosamente había elaborado.

     Pero no entiendo…una ofuscación anormal nubla mi mente. Mi sagacidad para atar cabos, resolver problemas se ha escabullido. ¿Cómo podría esa vida adiposa que corroe las ruinas del galeón querer robarme los datos y las conclusiones que he acumulado, si ella misma forma parte del conjunto? Ella…la demiurga de esta corrupción demoníaca. No concuerda con la lógica. Lo razonable parece no tener cabida en esta locura. ¿Y cuando han sido compatibles la demencia y la razón? Solo una línea delgada las separa, una línea invisible que de un momento a otro me puede descolocar de mi realidad para transportarme a una fantasía esquizofrénica. Tengo que regresar a Floreana. Aquí en Fernandina solo huele a muerte…

     Los turistas son acariciados por la refrescante y en ocasiones temperamental brisa marina. Agosto es un mes benevolente, y como en casi todo el pacífico sur, el calor se oculta para dar paso a los fríos aires que aplacan la furiosa canícula. Por ser de origen volcánico, el fuego parece brotar de la misma tierra insular, por ese motivo, paso en las Galápagos de julio a septiembre. Cada primero de julio, tengo por costumbre pisar el aeropuerto en Baltra con la sonrisa más generosa que puedan producir mis finos labios.

     Han transcurrido dos meses y durante este tiempo se han trastocado mis planes. Esa vida oscura que me persigue, que respira en mi nuca para obtener no se qué cosa, está carcomiendo mi hipocampo…no logro hilvanar las ideas con la claridad necesaria. ¿Acaso este ser sobrenatural me ha provocado una amnesia parcial, escogiendo lo que debo y lo que no debo recordar?

     Tengo que identificar al ladrón de la bolsa de gemas del enigma que mencionó la voz, y tengo que encontrar la bolsa. Cose y pule…

     Las coordenadas apuntaban a la costa occidental de Fernandina, pero ahora hay un impulso vehemente en mi corazón por indagar la cueva de los piratas. Y ésta se encuentra en Floreana. Según la historia, el pirata irlandés Patrick Watkins fue el primer colono de Floreana. ¿Tiene algo que ver Watkins con el enigma? Al haber sido pirata, tuvo que dedicarse a saquear barcos. Un ladrón de barcos. La información que proveen los guías turísticos no es detallada. ¿Podré confiar en ella para averiguar si Watkins tiene algo que ver en esto?

      Ha habido personajes de lo más pintorescos que han habitado esta isla y que han coadyuvado a que se crearan leyendas no del todo fidedignas en torno a ellos. La inverisimilitud de tales fábulas no me servirá para descifrar el enigma. Pero Watkins existió y algún papel debe jugar en esta historia. De lo contrario, ¿por qué siento este irrefrenable deseo por explorar la cueva de los piratas? Ya la he visitado en muchas ocasiones. A fin de cuentas como colono provisional de Floreana conozco cada centímetro de los 173 kilómetros cuadrados que abarca la isla.

     No obstante, tengo que examinarla de nuevo con ojos inquisidores. En algún resquicio de esa caverna, en alguna pared debe haber por lo menos una pista que me lleve a coser y a pulir, a descubrir al ladrón de gemas. Algo que me permita pagar mi compromiso con la voz. Pienso que si no desnudo este misterio, una montaña de deyecciones infernales me asfixiará. Por el momento, creo que la vida oscura que me atosiga, por alguna razón que desconozco me está dirigiendo a la gruta. 

                                        C  O  N  T  I  N  U  A  R  Á
                                        Autora: Alejandra Sanders
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

ÚLTIMOS POSTS EN FACEBOOK