martes, 27 de enero de 2015

MANIOBRAS MILITARES


Las palabras de Luisa zumbaban en sus oídos como un molestoso mosquito. No podía creer que aquella mujer insípida rechazara su virilidad. Por su mente, desfilaron los trofeos que se había adjudicado; diferentes contexturas, razas, edades. Había probado casi todo, pero le faltaba saborear la simpleza de una nerd.

Haciendo alarde de sus mejores técnicas de seducción, embistió contra su presa, era un reto que se había propuesto y, Miguel siempre alcanzaba sus objetivos; solo uno se le había escapado. Pero no contaba en sus favorables estadísticas, porque la chica había muerto antes de que mordiera el anzuelo. Por lo que, el superávit se mantenía intacto.

 Con Luisa no iba a permitir que fuerzas internas o externas se interpusieran en su plan. Bosquejó sus maniobras militares y le sacó brillo a su artillería pesada. De manera que Miguel se sintió fortalecido y junto con su “capitán”, salieron a su segunda batalla en busca de su enemiga , Luisa Fontana.

Después de sopesar los errores cometidos en la primera batalla, analizó matemáticamente el campo de acción y se dio valor:

«Esta vez triunfaremos capitán, ya verás como cae la muy condenada».

Entró  en la librería donde trabajaba Luisa, y la vio despachando un voluminoso libro  a un cliente. Ella, absorbida en sus menesteres, no se percató de su presencia.

Con la intención de llamar su atención, se paseó por los estantes cercanos al mostrador. Sin embargo, Luisa parecía incapaz de percibir su insigne presencia. Así que ostentosamente, dejó caer un ejemplar de “Los hombres que no amaban a las mujeres” de Stieg Larsson.

 Al instante Luisa dirigió la mirada a la maraña y, con pasos ligeros, se apresuró a recoger el libro y ubicarlo en su sitio. Miró a Miguel como quien mira a un asesino en serie, con repulsión. Y con un tono imperioso le dijo:

—¡Ten más cuidado con los libros!, ¡son tesoros invaluables, aunque tengan un precio monetario!

Se dio la vuelta y regresó al mostrador.

Miguel sintió que un bochorno le subía a sus mejillas. Una de sus armas había fallado, pero aun disponía de todo un arsenal. Se acercó al mostrador evidenciando su  acostumbrada seguridad. Se quedó unos instantes, mirando fijamente a Luisa mientras ella revisaba un listado.

Sin alzar la cabeza, ella le dijo casi en susurros:

—Si tienes pensado tocarme el culo, no empieces lo que no puedes acabar.

Fueron las mismas palabras que le había dicho la semana anterior cuando perdió su primera batalla. Pensó que para ser nerd, Luisa debería tener otros argumentos y no solo esa línea prefabricada.

—¿Es que no te sabes otra canción?respondió Miguel casi inconscientemente.

Por fin, Luisa despegó la vista de la nómina que la ocupaba. Le sostuvo la mirada durante un minuto inmortal. Las palabras inaudibles salidas de sus ojos azabaches parecieron hundir a Miguel. Éste, sin escudo con el cual evadir proyectiles tan salvajes, se amilanó y, en un acto desesperado, como queriendo recular para tomar impulso, dijo con voz neutra:

—¿Quieres casarte conmigo?

Por primera vez pudo ver los hoyuelos que adornaban la sonrisa de Luisa. Los ojos de Miguel brillaron al comprobar que su táctica de emergencia cobraba forma. Esperó un momento para que ella asimilara la proposición y poder dar el zarpazo que lo declarara ganador.

Luisa volvió a dirigir la mirada a su lista, se rascó la frente, sus hombros parecían haber adquirido un tic nervioso, una leve convulsión que no le permitía tener su cuerpo apacible. Se llevó una mano a la boca, tratando de ahogar la risa, más fue imposible. Una carcajada estentórea la dominó.

«He perdido nuevamente» Pensó Miguel con profunda tristeza.




              F  I  N

Alejandra Sanders

PD: La tipografía en rojo alude a una frase de la serie House M.D.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

ÚLTIMOS POSTS EN FACEBOOK