viernes, 17 de abril de 2015

UNA OFRENDA PARA PANLONG

Las lluvias diluvianas preocupaban a los campesinos. Y no era para menos, el río Shan Hu estaba a punto de desbordarse. En sus riberas, el agua rasguñaba con furia, incrementando el putrefacto fango.

Ying Hui, solía acudir al río a pescar, bañarse o simplemente  escudriñar lecturas prohibidas.  Más ahora, imploraba, tal como lo hacían los demás, que Panlong, el dragón que habitaba en las aguas, intercediera a su favor e hiciese cesar el temporal.

Sin embargo, Panlong parecía no escuchar los ruegos de Ying Hui ni de los otros habitantes.

Una tarde, de cielo umbrío y nubes preñadas, Ying Hui corrió en dirección al Shan Hu. Había sido advertida de no acercarse hasta que el peligro pasara; pero un fuerte impulso la obligó a desobedecer.

Descalza y alzando su vestido para evitar mojarse, hundió sus pequeños pies en el lodazal. Inclinando su cabeza a la tierra, movió sus labios como si estuviese hablando para sí:

—Oh querido Panlong, sublime y majestuoso. Poderoso rey del tiempo y de las aguas, si es menester un sacrificio para que nos concedas nuestra petición, estoy dispuesta a hacerlo. Sea lo que sea. Te suplico que te manifiestes y evites la pérdida de nuestros hogares y sembríos.

En el instante en que Ying Hui terminó su plegaria, un torbellino adquirió forma en las márgenes del río.  Primero suave, hasta que con toda su potencia, dio inicio a un baile sobre las embravecidas aguas.

Poco a poco, el torbellino fue transformándose. Lancetas acuíferas amenazaban con herirla, por lo que Ying Hui retrocedió.

Del vórtice, surgió Panlong. Su serpentina figura infundió temor en Ying Hui. El dragón flotaba sobre las plateadas aguas, encrespándolas, con movimientos sinuosos.

Ying Hui visualizó al dragón en toda su dimensión. Éste, acercó su cabeza cornuda hasta la presencia de la joven. Resopló y la abofeteó con su azufrado hálito y dijo:

—¿Qué estás dispuestas a ofrecer que no pueda tomar de ti?

La cabeza triangular de Panlong permaneció inamovible en contraste con las lascivas  ondulaciones del resto de su cuerpo. Su mirada de fuego intimidó a Ying Hui. A continuación un largo silencio. Fue el propio Panlong quien lo rompió:

—Penetro tus pensamientos y sé que no hallas la respuesta adecuada, de manera que te daré tres opciones.

La esperanza iluminó el talante de Ying Hui. Prestó atención a las posibilidades que se le ofrecían.

—Ser mi esposa hasta que la belleza te abandone, decirme cuantas escamas recubren mi cuerpo, o, la eternidad para ti y la desolación para los tuyos. Escoge.

La joven, inquieta, se frotó las manos. Su rostro implorante hablaba por sí solo. Sabía que si escogía la primera, Panlog la devoraría una vez que los signos de la vejez empezaran a aflorar. Con la segunda alternativa, podía fallar y si así acontecía, también moriría junto con su pueblo. La tercera le resultaba tentadora, pero la espantó de inmediato, no podía ser tan egoísta.

El dragón pareció impacientarse. Grises fumarolas nacieron de sus napias.
Tímidamente, Ying Hui, se pronunció:

Lo único que realmente nos pertenece es el tiempo. Seré tu esposa Gran Panlog.

Hizo una reverencia. Dos lágrimas resplandecieron en su triste rostro.

—Ustedes los humanos—dijo el dragón visiblemente complacido—no merecen la eternidad. Si te hubieras decidido por la tercera opción, no te la habría concedido. Domino el tiempo, pero en manos de ustedes, seres insignificantes, éste sería mal administrado, como han hecho con todo. Unas décadas les ha bastado para derruir lo que ha llevado millones de años construir ¡Cuánto más, si tuviesen la eternidad en su poder!  Perfuman sus imploraciones: ¡Ooooh Gran Panlog! ¡Ayúdanos Panlong! ¡Calma la tormenta Panlong! El Shan Hu está enfermo, he padecido sus dolores abortivos. Y vienen a mí tan descaradamente para que solucione sus perversidades. ¡Y aun así, sueñan con la inmortalidad! ¡Qué desfachatez!

                                               ************

Dos siglos después, la gente que acude al Shan Hu, en perfecto solaz, llegan a oír los bisbiseos que brotan de sus pacíficas aguas, semejante a plañideros mujeriles, y dicen:

—Es el espíritu de Ying Hui, sus lamentos vibran en la superficie del río. Dicen que intentó apropiarse de los dominios de Panlong. Pero el es invencible.  El tiempo y los caudales continúan a buen recaudo.


                F  I  N

Alejandra Sanders


PD: Este relato es para Fraseletreando. La frase para esta edición es de Baltazar Gracián: “Lo único que realmente nos pertenece es el tiempo”


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